Por Jorge Izquierdo
· Lo que es posible es inevitable. Estoy parado en la Avenida República debajo de una caja de luz de la que sale una enredadera de cables negros, como cuerdas flojas del caos. Tienen algo de atractivo, pero hay un mal en ellos, una señal de peligro. Puedo sentirlo como una corriente eléctrica fantasma.
Es extraño, que a pesar de lo llamativos que son esos cables de luz y teléfonos, sean imperceptibles también para el ojo que no está entrenado. Cualquier persona que camine por esta vereda completamente distraída pensaría que la Avenida República es una calle transitada, nada más. Un montón de personas. Algunos ternos. Algunos uniformes. El chirrido de los buses que aceleran y luego se detienen. Un puesto con DVD´s piratas. Copias. Publicidad. El aroma de un almuerzo ejecutivo. Y cuando esa persona cruce la calle y levante su mirada vaga, verá a través de los cables, posará sus ojos directamente sobre el edificio de Movistar que tiene forma de plancha o de borrador. Pero ahí estarán esos cables negros también. Flotando encima. Como la jaula de la patria y como la muerte.
En una película de los ochenta, Paul Newman dice: “Una de esas cosas en las que nunca piensas pero (que) puede arreglar tu día, como la electricidad”.
·· La patria es posible porque es inevitable. Pero ¿es posible pertenecer a la patria? Yo no siento que pertenezco ni al sector norte del DMQ, más difícil todavía a un país entero que ni siquiera conozco tan bien. ¿Qué se yo de Jipijapa?, por ejemplo. He estado cerca de ahí. He oído el nombre. Hay un sector de la ciudad que también se llama así. Hay unas piscinas. Pero la idea de pertenecer a la patria está durmiendo profundamente. En una cama amplia. Junto al cuerpo amortajado del Siglo XX. Sólo que nadie deja dormir. Ni a las ideas ni a los siglos pasados. Nadie quiere reconocer que perdimos. Que Bolívar, el Che y Eloy Alfaro terminaron mal. Que ni si quiera eran para tanto. Somos malos perdedores.
··· No. Ni los cables de luz y de teléfono. Ni la Avenida República. Ni el sector norte del DMQ. Ni siquiera la Av. Patria. No pertenezco ni me pertenecen. ¿A quiénes les pertenece? ¿De quién es este país que sólo existe por ser inevitable? Ciertamente no de las etnias indígenas de la Amazonía. ¿De los artistas? ¿De la clase política? ¿De los deportistas? No. Éste país no es ni siquiera de JJ. Está muerto. Ciertamente no del Tin. Aunque viva. Este país es de los dueños de las discotecas de moda en Quito, Cuenca y Guayaquil. Es de Frank Palomeque, Pinoargoti y Marián Sabaté. En su momento fue de Javier Pimentel, pero ya no lo es. Es de las empresas petroleras. Las fuerzas armadas ya lo están perdiendo. Ahora es de los gerentes comerciales de Porta. Es de Jefferson Pérez, siempre y cuando muestre el logo del Banco del Pichincha. Es de los que manejan la idea del progreso en forma de cables entrecruzados y vallas publicitarias.
···· Alexander Von Humboldt era gay y por más que todos los viejos gamonales del Ecuador le presentaban a sus hijas con secretas esperanzas, Humboldt movía su dedo índice de un lado al otro. Aparentemente tuvo relaciones con hombres de la clase media del viejo Quito. Pero un día le pescaron borracho y se acostó con una mujer de la aristocracia a la que nadie más quería. Y de esa noche errática desciende un linaje de comerciantes. Pero más allá de los chismes, Humboldt también compuso un tratado acerca de la biodiversidad del Ecuador. Nuestra marca. Humboldt decía que en ningún otro lado del mundo se encontraban tantos diferentes tipos de ecosistemas en tan poca extensión geográfica. En Europa tendrías que viajar semanas para encontrar los diferentes nichos ecológicos que se encuentran en una excursión corta acá. Y eso fue suficiente. Humboldt nos maldijo. Hizo que este país no se conociera. A pesar de que no somos tan diferentes, entre unos y otros somos diversos. Eso bastó. No nos podemos poner de acuerdo ni con nosotros mismos, peor con los demás.
····· En esa misma película de los ochentas, Paul Newman también dice: “tiene que aprender a ser sí mismo, pero a propósito”. Algo así estamos obligados a hacer con la idea de patria. Pero no hay que tomárselo tan en serio. ¿Cuánto tiempo ha existido el Ecuador? ¿Desde 1830? Eso no es nada. A la larga, seremos otra cosa.
3 comentarios por mucho
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Me ha gustado leerte Jorgito. Lo de la maldición de Humboldt, qué pertinente. Creo que la idea de patria, como casi todo lo que sea pensado por los seres humanos, está inacabada, puede ser un fantasma, un mal sueño o un pretexto. En fin. Hoy pensamos lo que la coyuntura histórica nos permite pensar, a favor o en contra de la “entelequia” ‘patria’. Ahí que se estese; creo que yo no puedo pensar tan en grande.
Comentario por Mariux Enero 7, 2008 @ 10:00 pmesa idea del uso y del abandono me carga…porque es cierta, y la realidad desde ese lado, es como para pasarse a otro lado. Nosé si se trata en estar de acuerdo, pero cuando se siente lo mismo se dice: “coincido” jeje
Comentario por blanca Mayo 4, 2008 @ 3:59 pmNO, QUE SE VALLA A CHINGAR SU MADRE
Comentario por ARUP Agosto 30, 2008 @ 6:54 pm