El Mechero Bunsen


PATRIA
Octubre 15, 2007, 10:34 pm
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Por Jorge Izquierdo

· Lo que es posible es inevitable. Estoy parado en la Avenida República debajo de una caja de luz de la que sale una enredadera de cables negros, como cuerdas flojas del caos. Tienen algo de atractivo, pero hay un mal en ellos, una señal de peligro. Puedo sentirlo como una corriente eléctrica fantasma.
Es extraño, que a pesar de lo llamativos que son esos cables de luz y teléfonos, sean imperceptibles también para el ojo que no está entrenado. Cualquier persona que camine por esta vereda completamente distraída pensaría que la Avenida República es una calle transitada, nada más. Un montón de personas. Algunos ternos. Algunos uniformes. El chirrido de los buses que aceleran y luego se detienen. Un puesto con DVD´s piratas. Copias. Publicidad. El aroma de un almuerzo ejecutivo. Y cuando esa persona cruce la calle y levante su mirada vaga, verá a través de los cables, posará sus ojos directamente sobre el edificio de Movistar que tiene forma de plancha o de borrador. Pero ahí estarán esos cables negros también. Flotando encima. Como la jaula de la patria y como la muerte.
En una película de los ochenta, Paul Newman dice: “Una de esas cosas en las que nunca piensas pero (que) puede arreglar tu día, como la electricidad”.

·· La patria es posible porque es inevitable. Pero ¿es posible pertenecer a la patria? Yo no siento que pertenezco ni al sector norte del DMQ, más difícil todavía a un país entero que ni siquiera conozco tan bien. ¿Qué se yo de Jipijapa?, por ejemplo. He estado cerca de ahí. He oído el nombre. Hay un sector de la ciudad que también se llama así. Hay unas piscinas. Pero la idea de pertenecer a la patria está durmiendo profundamente. En una cama amplia. Junto al cuerpo amortajado del Siglo XX. Sólo que nadie deja dormir. Ni a las ideas ni a los siglos pasados. Nadie quiere reconocer que perdimos. Que Bolívar, el Che y Eloy Alfaro terminaron mal. Que ni si quiera eran para tanto. Somos malos perdedores.

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LA POLÍTICA COMO FIN, SOBRE EL FIN DE LA POLÍTICA*
Octubre 15, 2007, 3:57 pm
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Por Bolivar Lucio

Las demandas de la calle

Me había resistido a participar en las marchas que empezaron unos días antes sin que para nada me pesara en la conciencia. No obstante, los compañeros de piso sí se dejaban llevar por los acontecimientos, y como si le hiciera falta a nuestro barrio burgués, habían colgado parlantes a todo vatio en las ventanas abiertas: frases por la causa, reclamos y un locutor invitando a que el pueblo saliera a la calle. No era posible escapar, ni ignorarlo, ni suponer que no ocurría. Le ocurría a todo el mundo, a personas cuya existencia supondré –y siempre solo supondré–, a señoras que llamaban a la radio para repetir lo que escuchaban y para que las escucharan, porque sus voces se quebraban y más importante que lo que dijeron (y que en todo caso se decía cincuenta veces al día) era que mostraban emoción en un espacio que se había “encogido”.

Dos o tres días antes de la caída, en el antepecho de un paso deprimido cerca de la radio, leí: “Ahora sí, te descalabro los cachetes”. Finalmente, aunque por otras razones, me había sumado a las personas que salían del trabajo y se reunían a gritar consignas. Estuve la noche de la manifestación frente al Congreso, y la siguiente con el grupo que la Policía contuvo entre el parque El Ejido y La Alameda, a la entrada del Centro Histórico. Al otro día (abril 20) a la hora del almuerzo, el “orden instituido”, “el estado de derecho”, los parapetos de la constitucionalidad más maleable que conozco, produjeron un nuevo presidente; a quien de hecho vi horas más tarde en el edificio de CIESPAL, bastante asustado, protegido por tres o cuatro hombres que casi lo llevaban en andas y rodeado de unas 300 personas que no pudieron escuchar su primer discurso como jefe de Estado porque no había micrófono, ni altoparlantes. Había, también, unos 50 miembros de la Policía (Militar), con rifles de balas de goma, pero que no dispararon una sola vez.

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Octubre 14, 2007, 9:30 pm
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Por Santiago Rosero

Patria ese pecho henchido de orgullo simbólico y algarabía fugaz. Ese gol, esa marcha olímpica, esa lata de atún y esa cerveza bien helada en el verano ajeno. Ese pasillo, la tecnocumbia, la Olguita Gutiérrez cantando el alma y el Lucio Gutiérrez huyendo, tembloroso, aniquilado. Esa revuelta callejera, consensuada, voluntaria, envalentonada, manipulada, claro, y efímera como todo. Todo lo digno, lo honroso, lo productivo, el alto índice, la confianza, el riesgo cero porque Ecuador es el país del progreso, pero el Progreso quebró. Las remesas, los pelucones, las Cámaras. Cámaras las de la televisión que congelan las sonrisas. Sonrisas las que se muestran para ocultar el rencor. Los monumentos, el buque-escuela, los Montecristis y los sombreros, las putas de Santo Domingo y Santo Domingo independiente. La Patria lejana, la madre Patria, el patriotismo, los símbolos patrios, las fechas patrióticas y el patriota construyendo un sueño y encarcelándolo a la distancia. Todo y nada. O todo o nada.

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Dios, Patria y Libertad: Diatriba, alegato y apología
Octubre 10, 2007, 9:18 pm
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Por Luis Monteros Arregui

Dios (de algunos)
Dios no está muerto, pienso, no se puede matar algo inexistente. Tampoco está vivo, por ende. Dios no es, más bien, como la nada, que ni siquiera puede definirse, porque la definición implicaría ya ser algo y, precisamente, su característica resulta de la ausencia, del ‘no ser’. Pero si hubiera que definirlo, a Dios, se podría decir que es un personaje, maniqueo y patético, aburrido, ególatra y perverso. Es demasiado fácil ser perfecto, es una solución que, por obvia, debería descartarse. La perfección no existe, ni siquiera como una idea sensata, aplicable, imaginable. Dios es el resultado del temor, de la manipulación, de la incapacidad humana para explicar(se), para someterse y aliviar la angustia existencial que resulta de la conciencia de orfandad.

Dios es un discurso impositivo, el eslabón que separa a los hombres, es el eufemismo perfecto del poder, instrumento de subyugación, pavor y culpa, promesa rota, eternidad inalcanzable.

En fin. Del pretexto burdo en una población pastoril del Medio Evo a causa última de la destrucción entre fanáticos en la posmodernidad. Dios alcanza para todos, Dios ya es de todos, lugar común, anciano de túnica y barba blanca, paloma descendente, moribundo en cueros. (más…)



¡Patria!
Octubre 5, 2007, 9:46 pm
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Por Ana María Guzmán

Según el Diccionario General de la Lengua Española la palabra patria significa país en el que ha nacido alguien. Lugar al que alguien se siente ligado por haber nacido allí o por tener otros vínculos históricos o sentimentales.

Pero en la práctica, ¿qué es lo que nos viene a la mente cuando escuchamos Patria?

Universalmente, las guerras, han sido las circunstancias que más han determinado nuestra identificación con este sustantivo. “La patria que defendemos del ataque de algún invasor”.

Han muerto millones de personas en el transcurso de la historia humana defendiendo la patria o en nombre de ella conquistando otras; por causas y motivos que a la larga no nos han permitido vivir en paz y han complicado aún más el trabajo de vivir todos juntos.
En Latinoamérica, patria, además de guerra, es asociada a otro flagelo como lo es la politiquería. Improvisados líderes la usan constantemente en sus discursos para ganar votos (no es que todos sean iguales pero al que le sirva el poncho…). Promesas que más tarde los gobiernos establecidos no cumplen y perjudican a esa patria que tanto han realzado en sus mensajes para llegar al poder.

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